Ortega cerca del retiro
Hoy el Burrito fue al estadio Monumental, pero no se entrenó con sus compañeros. Las crónicas periodísticas relatan que habló con el DT del millonario, Leonardo Astrada, pero no trascendió públicamente el contenido de esa charla. Sí, se supo que el entrenador no quiso que el jugador se entrenara ya que lo quiere pero no a cualquier precio. Su idea es que el habilidoso delantero reestablezca el tratamiento médico contra su alcoholismo.
En ese sentido, las palabras de Paulo Ferrari parecen estar en sintonía con las del técnico de River: "Nosotros queremos verlo bien a él... verlo sano, verlo bien con su familia", declaró el defensor del equipo de la banda a radio La Red respecto de Ortega.
Con todo, lo cierto es que con la "recaída" de Ariel Ortega quedan al descubierto varias cuestiones más. La más destacada de ellas es que se expresaron, otra vez, los desatinos de la dirigencia de River. En concreto, si el año pasado se decidió ponerse firme con el futbolista cuando el por entonces DT del equipo, Diego Simeone, se cansó de sus faltas de disciplina. Y, consecuentemente con ello, no se le permitió jugar pero se le ofreció un tratamiento para que cumpliera estrictamente. (Cosa que Ortega no aceptó y, por lo tanto, emigró a Mendoza para jugar en el Independiente local) No es sensato luego, ante los malos resultados y la presión de la hinchada, convocarlo nuevamente sin atender su problema de adicción.
En esta historia algunos medios de comunicación también colaboraron negativamente. Se hicieron eco de los reclamos de los simpatizantes, actuaron con demagogia y, por ende, poco les interesó si Ortega realmente estaba bien de salud. Sólo importó que la pelota siguiera rodando y a cualquier costo. Esto ya sucedió con otros ídolos del deporte, pero parece que la experiencia no sirvió de nada. Un ejemplo fiel de la lógica de los tan mentados "códigos" de ciertos personajes del periodismo deportivo.
Por último, parte de la afición riverplatense no tuvo una actitud que lo favorezca a Ortega. La historia de siempre: al ídolo se le exige que siempre sea ídolo, y se lo coloca en el lugar de un semidios. En rigor, el Burrito, un poco por su edad, otro poco precisamente por su adicción, ya hace tiempo que dejó de estar allí arriba. Es decir, si bien, no perdió la esencia de su talento, es lógico que ya no pueda ser el héroe que salve a River de todos los males.
Claro que Ortega no es sólo una víctima de los actos de terceros. Él tiene su responsabilidad en toda esta historia. El año pasado, por caso, cuando despotricó contra los dirigentes que no aceptaron que continuara jugando en esas condiciones, pero a la hora volver al millonario poco le importó estar nuevamente con ellos. Y especialmente poque por momentos actúa como si no terminara de aceptar su enfermedad, actuando como si nada pasara.
Sin duda que lo más atendible por estas horas es su salud. Es un buen momento para detener el balón y abocarse a su recuperación. Al fútbol, como a los hinchas, no les debe nada.
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