¿A River ya no lo respetan?
Sin duda que los rivales se animan mucho más con el conjunto de la banda que hace unos años atrás. Ahora bien, lo cierto es que ese irrespeto, impensado en otras épocas, no es sólo responsabilidad de los actuales futbolistas o de los últimos malos resultados. Los causantes son varios factores más.
De hecho, los dirigentes han colaborado claramente con esa decadencia que han generado a través de las compras y ventas, por ejemplo. Ya desde 2003 se viene dando esa tendencia, año en el que trajeron un número casi inverosímil de jugadores, muchos de ellos lesionados. Y luego la continuaron adquiriendo casi sistemáticamente futbolistas que cualquier hincha, algo sagaz, hubiera advertido que no estaban a la altura del club.
Asimismo, las idas y venidas para con Ariel Ortega, marcan la desidia de parte los mismos. Nunca mantuvieron una postura coherente respecto del tema. Por momentos, pareciera que se hubieran puesto firmes y no negociarían que el jugador no hiciera un tratamiento para su adicción al alcohol. Pero por otros, cuando se lo necesitaba futbolísticamente lo convocaban y se olvidaban de todo. Los resultados de esos vaivenes están a la vista: El jugador, con sus declaraciones recientes acerca de su problemática, dejó en evidencia que está igual que como cuando confesó por primera vez su enfermedad.
Por otra parte, nadie puede infundar respeto cuando desde la presidencia del club si se tienen conexiones con cierto sector de la barra brava. Como se comprobó que tenían algunos integrantes de facciones duras de la hinchada de River con la dirigencia.
La falta de respeto del resto de los equipos también la han propiciado desde algunos sectores de la prensa. Colocando desde hace tiempo a River en el ojo de la tormenta solamente porque no lograba igualar a su archirrival, Boca Juniors, en materia de logros internacionales. Incluso en temporadas como el 2000, 2003 o 2004 cuando se consagrara campeón de los torneos locales. Es harto sabido que siempre vende fomentar las dicotomías, pero nadie puede marcar un año como negativo, cuando al mismo tiempo se lograron levantar algunos trofeos.
Lo peor del caso, y acá aparece otro de los factores que sumaron para ese desprestigio que padece River, es que sus hinchas compraron esa histeria generada desde los medios. Así se creyeron que su equipo realmente había fracasado por no ganar una Copa Libertadores o una Sudamericana, pese a los logros locales. Así se fueron por la puerta de atrás grandes técnicos como Américo Gallego, Manuel Pellegrini o el mismo Diego Simeone. Y los insultos o expresiones agresivas hacia los jugadores se hicieron moneda corriente.
Hoy, cuando desde Núñez se mira más de cerca los promedios del descenso que los primeros lugares de la tabla, parece increíble haber analizado el ciclo de aquellos entrenadores exitosos como contundentes fracasos. Es claro, que siempre es bueno apostar a más, pero también es algo absurdo fustigar a los que ganaron porque no ganaron todo.
Las elecciones presidenciales de diciembre próximo parecen ser la única esperanza inmediata para la parcialidad riverplatense. Aquel que gane tendrá que trabajar muy duro. Y, fundamentalmente, si quiere que el club empiece a ser respetado otra vez, tendrá primero que respetarlo él.
Categorias:
- Fútbol
- ,
- Fútbol Argentino
Tags:
- BocaJuniors, River Plate, RiverPlate

TUS COMENTARIOS